El sexo de los dioses

Museo Larco. Lima, Perú.

Los huacos peruanos son parte de la expresión libre del erotismo que caracteriza a las culturas originarias. Lejos de lo que sucede hoy, en ellos no existe el encubrimiento de la vida cotidiana.

El arte antiguo latinoamericano, como todos los oficios de nuestras comunidades de origen, está ligado a los ritos colectivos y al entorno natural. Si nos acercamos a las manifestaciones del ser latinoamericano que nos precede no vemos las escisiones del latinoamericano actual, no existen las fracturas entre el individuo y el universo que acompañan nuestro tiempo, tampoco existe la ruptura entre el arte y la vida social. Lo mismo ocurre con el erotismo, la experiencia del cuerpo se expresa sin ocultamientos, no hay el sentido privado de la experiencia erótica ni el sentido de culpa que introduce el europeo.

Si observamos los huacos peruanos, -buena parte de ellos vasijas y alfarería de uso ritual-, nos sugieren la bebida como parte de una narración erótica realista presente en vasos moldeados con la experiencia de la vida colectiva. Esa relación entre el erotismo y la bebida nos lleva en la historia humana hacia los ritos celebratorios de la cosecha y la fiesta del mundo pagano, y a la fertilización de la tierra unida a la fertilidad humana. Pero esta vivencia de la sexualidad y del cuerpo compartida con las demás especies y con los dioses no es exclusiva del mundo prehispánico, está en el origen de todos los pueblos.

Los huacos eróticos eran empleados por los indígenas en ofrendas funerarias, la erección del pene y la oquedad vaginal prolongan su fértil sensualidad más allá de la muerte, en la cópula con los dioses. Un simbolismo similar encontramos en la diosa Coatlicue, la diosa mexicana que tiene en el sitio genital una calavera, muerte y nacimiento son simultáneos. Esa condición de traslape de la muerte y el nacimiento es la que vive permanentemente la cultura.

Hablar de la cultura del antiguo americano es hablar de la desnudez, y la desnudez por sí misma expresa el cuerpo libre, sin sujeciones morales. En el Amazonas, el Caribe y el Orinoco, en los valles interandinos y en las costas ecuatoriales el hombre vive la desnudez, su naturalismo no está diferenciado de la desnudez del resto de la naturaleza, los vegetales y los animales están igualmente desnudos. Dussel llama encubrimiento refiriéndose a los 500 años del “descubrimiento”, podemos extender el sentido del encubrimiento a la desnudez del indio. Ese encubrimiento de la desnudez a través de la historia, cuando no fue por defensa del frío y de las condiciones adversas del medio, se realizó a través de profundos cambios en el mundo simbólico, el cuerpo empieza a ser separado de la naturaleza, institucionalizado, y en el largo proceso de civilización,  convertido en extensión de las herramientas, en instrumento de trabajo.

En el presente encontramos atavismos de esas comunidades de origen, el cuerpo vuelve a ser puesto en el centro de la experiencia vital, de las narrativas y del arte; la desnudez vuelve a mostrar sus raíces expuestas a la luz de los tiempos que corren. El cubrimiento de la desnudez que se radicalizó en Europa en los siglos posteriores al Renacimiento y que sustituía el goce por la flagelación, se prolongó hasta nuestros días, sin embargo el cuerpo vuelve a salir desnudo a la calle, expuesto a la luz. El arte, el rito y la política encuentran corrientes que se expresan en la desnudez, el cuerpo vuelve a salir del claustro de piedra en el que lo ha confinado la cultura, y si antes el sentido de verdad era propiedad de la filosofía, ahora reaparece el cuerpo reclamando su espacio de donde ha sido desalojado, el cuerpo en su desnudez no reclama otra cosa que el sentido originario de verdad.

Si la sociedad empleó siglos de represión sobre el hombre y sobre la naturaleza, y esa represión hizo derivar las energías y las pulsiones humanas hacia la construcción de civilización, la vuelta de la mirada hacia la naturaleza significa también la recuperación del tiempo del goce y de la celebración, se percibe de nuevo, después de siglos de ocultamiento, la necesidad del rito que devuelve a la naturaleza lo que de ella es tomado. El arte vuelve a recuperar su sentido celebratorio, su espacio vivo en la comunidad y su entorno.

El crecimiento tecnológico tiene hoy la posibilidad de liberar el tiempo social y desactivar los mecanismos de represión de la libido, condición que la propiedad privada sobre el hombre, sobre los bienes terrenales y sobre el tiempo social insiste en negar, su negación se realiza por la imposición del militarismo en todos los órdenes de la vida social, y hoy como ayer, el erotismo reprimido se transforma en guerra. El ser de nuestra época parece intuir un nuevo rozamiento de sus dos sentidos primordiales: vida y muerte, con todas las convulsiones sociales y políticas que conllevan, el mundo se erotiza y de manera simultánea avisa el ocultamiento del sol de la muerte.

Museo Larco. Lima, Perú

Museo Larco. Lima, Perú.

Museo Larco. Lima, Perú.

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Comentarios

2 Comentarios

  • Lina dice:

    La represión social es la razon por la cual esta sociedad es tal como la conocemos, en la prohibición del ser, el ir en contra de nuestra naturaleza.

    Muy buen articulo.

  • Rubra dice:

    Cuando se habla de represión, en cuanto a lo erótico y sexual en el hombre, es necesario que haya represión porque los humanos tenemos una pulsión sexual instintiva, por lo tanto si no se controla se desborda,entonces por ello la sociedad creó mecanismos de control social,como la vestimenta, preguntarnos ¿por qué nos vestimos?, ¿por qué trabajamos, estudiamos etc ? es una manera de conducir esa pulsión sexual o sino estaríamos follando todo el día. No pienso que al reprimirse esto seamos más violentos, lógicamente influye pero la violencia también es necesaria para generar cambios, tiene que ver con inter-especifica en las especies, se necesita defender lo que nos pertenece, propiedad privada, aquello que se estableció en la organización social en la época primitiva. Además esto de la desnudez tiene que ver más con tabúes sociales, así establecimos nuestra sociedad, luego vino la moral religiosa a darle valor a ello.

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