La locura

PájaroCarpintero

De nuevo un hombre en casa*

Este cuento guarda una alucinante riqueza simbólica que bordea la tragedia y el mito, el sentido trágico de la belleza que puede encontrarse en el lado escatológico del mundo. El autor nos regala al menos dos lecturas: un sentido histórico y otro sentido órfico. Un orfismo a la manera latinoamericana, o mejor será decir, un rulfismo, porque es Rulfo quien entre nosotros nos enseña a pasar caminando al otro lado del río. Emprendamos el descenso al río, a la pesadilla que significan los muertos vivientes, los muertos cercanos que no han logrado pasar al otro lado del muro.

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Unión Patriótica

La demencia después del exterminio

La violencia atormenta, pero la violencia permanente enloquece, como ocurre en Colombia. La suma de tantos años de sevicia del poder con la población más pobre ha llevado a muchas personas a la enfermedad mental. El extermino de más de 5.000 militantes de la Unión Patriótica ha sido uno de los más violentos episodios de nuestra historia y en muchos colombianos ha quedado la marca de los hechos trágicos.

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Roma home

Roma

Vista de frente (aunque esto no puedo saberlo) es una más en medio de la manzana, su fachada marrón apenas destaca, los árboles que dan sombra al umbral son iguales a otros árboles. Además de la puerta, la única conexión con el exterior es una ventana cuyas alas dobles jamás se han abierto.

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Pieza artística de Ursula Eichenberger.

Un cadáver esquizofrénico

Colombia carga desde hace mucho tiempo con su propio cadáver, pero según algunos medios Colombia dice estar feliz y estar viva. Algunos ven cerca la posibilidad de Colombia de liberarse de la muerte en los procesos de paz, pero con la esquizofrenia de hablar de paz matando campesinos y reprimiendo de manera sangrienta las marchas de protesta hay poca esperanza.

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La Colifata. Fotografía: Andrés Gatto. Tomado de http://www.flickr.com/photos/gattito/

Los locos de mi vida

Nunca he podido sacarlo de mi memoria. Peyo se sentaba todas las mañanas en la terraza de mi casa en Las Palmeras, un barrio popular en el suroriente de Cartagena. Era un hombre grande y negro, de pelo ralo y canoso al que todos conocían como “Peyo”, el loco del barrio. Lo nombro y el primer recuerdo que tengo es el de su olor penetrante, un olor que permanecía aún cuando ya se había ido. Olía a ropa sucia y piel sudada.

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